IMAGENES RELIGIOSAS
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HUMILDE MARIA
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En la Sagrada Escritura encontramos multitud de imágenes y de figuras relacionadas entre sí, mediante las cuales la Revelación habla del misterio inagotable de la Iglesia. Las imágenes tomadas del Antiguo Testamento constituyen variaciones de una idea de fondo, la del "Pueblo de Dios". En el Nuevo Testamento (cf. Ef 1, 22; Col 1, 18), todas estas imágenes adquieren un nuevo centro por el hecho de que Cristo viene a ser "la Cabeza" de este Pueblo (cf. LG 9), el cual es desde entonces su Cuerpo. En torno a este centro se agrupan imágenes "tomadas de la vida de los pastores, de la agricultura, de la construcción, incluso de la familia y del matrimonio" (LG 6).

754 "La Iglesia, en efecto, es el redil cuya puerta única y necesaria es Cristo (Jn 10, 1-10). Es también el rebaño cuyo pastor será el mismo Dios, como él mismo anunció (cf. Is 40, 11; Ez 34, 11-31). Aunque son pastores humanos quien es gobiernan a las ovejas, sin embargo es Cristo mismo el que sin cesar las guía y alimenta; Él, el Buen Pastor y Cabeza de los pastores (cf. Jn 10, 11; 1 P 5, 4), que dio su vida por las ovejas (cf. Jn 10, 11-15)".
La fiesta de Pentecostés no contaba con un ritual 
particularmente original, como las fiestas de Pascua, Año Nuevo o 
Tabernáculos. El sólo acto previsto era la oblación de las primeras 
gavillas de la siega. Cuando se espiritualizó la fiesta, su acto ritual 
característico fue la renovación de la Alianza. Actualmente, en el 
cristianismo, la fiesta nos ofrece la posibilidad de renovar la alianza, 
pasa a ser una acción de Dios que hace habitar en nosotros su 
Espíritu para asegurar su vida en nuestro cuerpo de carne y 
confirmar nuestra libertad. La ley cede el puesto al Espíritu. No se 
trata ya de que prometamos una nueva conformidad con una regla 
exterior, sino de ser dóciles a la ley interior, del Espíritu (Gá 5, 16). 
Y esa ley interior, que está en nosotros mismos es como un fuego 
que abrasa nuestra carne y que no hemos de dejar apagar (1 Tés., 
5, 19), como un vino que debe invadirnos y embriagarnos (Ef., 5, 
18) para que podamos vivir como verdaderos hijos de Dios, en la 
Iiberación total del pecado y de la regla exterior (Ga., 4-5; Rom., 
8).
Así entendida, la fiesta de Pentecostés es perfectamente 
solidaria de la Pascua. Cristo, nuevo Adán, recibió en Pascua el 
Espíritu de Dios, que le resucitó y le hizo Señor y Dios. Y ese mismo 
Espíritu nosotros le recibimos en Pentecostés, para poder 
mantenernos en estado de resucitados y de hijos de Dios. Pero 
vemos que el misterio de la fiesta se realiza y consuma en una 
actitud de fe.
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Así dice el SEÑOR: "Se oye una voz en Ramá, Lamento y llanto amargo. Raquel llora por sus hijos; Rehúsa ser consolada, por sus hijos Que ya no existen." >
No hay en él parecer, no hay hermosura que atraiga las miradas, ni belleza que agrade. Despreciado, desecho de los hombres, varón de dolores, conocedor de todos los quebrantos, ante quien se vuelve el rostro, menospreciado, estimado en nada (Is LIII,2-3).
No hay acto mayor de amor que el que da la vida por todos por todos escucha por todosss
IMAGENES DE LAS TRES RELIGIONES MONOTEISTAS .IMAGENES DE AMOR