IMAGENES RELIGIOSAS
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¿Qué es la fe?
 La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque Él es la verdad misma. Por la fe “el hombre se entrega entera y libremente a Dios” Por eso el creyente se esfuerza por conocer y hacer la voluntad de Dios. “El justo [...] vivirá por la fe” (Rm 1, 17). La fe viva “actúa por la caridad” (Ga5, 6).
Pero, “la fe sin obras está muerta” (St 2, 26): privada de la esperanza y de la caridad, la fe no une plenamente el fiel a Cristo ni hace de él un miembro vivo de su Cuerpo. El discípulo de Cristo no debe sólo guardar la fe y vivir de ella sino también profesarla, testimoniarla con firmeza y difundirla: “Todos [...] vivan preparados para confesar a Cristo ante los hombres y a seguirle por el camino de la cruz en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia” El servicio y el testimonio de la fe son requeridos para la salvación: “Todo [...] aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos” (Mt 10, 32-33).
La fiesta de Pentecostés no contaba con un ritual 
particularmente original, como las fiestas de Pascua, Año Nuevo o 
Tabernáculos. El sólo acto previsto era la oblación de las primeras 
gavillas de la siega. Cuando se espiritualizó la fiesta, su acto ritual 
característico fue la renovación de la Alianza. Actualmente, en el 
cristianismo, la fiesta nos ofrece la posibilidad de renovar la alianza, 
pasa a ser una acción de Dios que hace habitar en nosotros su 
Espíritu para asegurar su vida en nuestro cuerpo de carne y 
confirmar nuestra libertad. La ley cede el puesto al Espíritu. No se 
trata ya de que prometamos una nueva conformidad con una regla 
exterior, sino de ser dóciles a la ley interior, del Espíritu (Gá 5, 16). 
Y esa ley interior, que está en nosotros mismos es como un fuego 
que abrasa nuestra carne y que no hemos de dejar apagar (1 Tés., 
5, 19), como un vino que debe invadirnos y embriagarnos (Ef., 5, 
18) para que podamos vivir como verdaderos hijos de Dios, en la 
Iiberación total del pecado y de la regla exterior (Ga., 4-5; Rom., 
8).
Así entendida, la fiesta de Pentecostés es perfectamente 
solidaria de la Pascua. Cristo, nuevo Adán, recibió en Pascua el 
Espíritu de Dios, que le resucitó y le hizo Señor y Dios. Y ese mismo 
Espíritu nosotros le recibimos en Pentecostés, para poder 
mantenernos en estado de resucitados y de hijos de Dios. Pero 
vemos que el misterio de la fiesta se realiza y consuma en una 
actitud de fe.
IMAGENES DE LAS TRES RELIGIONES MONOTEISTAS .IMAGENES DE AMOR