FOTO DE BODA JUDIA

El casamiento judío no sólo es rico en conceptos y significados, sino también en usos, costumbres, folklore y objetos que fueron preparados con dedicación mucho tiempo antes de la boda. Entre ellos podemos mencionar los vestidos y ropas de la novia, como así también las joyas usadas en el casamiento. Las costumbres de la boda y su ceremonial van más allá de la tradición halájica y las normas talmúdicas inspiradas en la Torá. No hay duda de que la creatividad judía no podía permanecer indiferente al ambiente geográfico y cultural donde cada comunidad estaba insertada. El día de la boda conlleva un espíritu especial. Alegría, felicidad y profunda emoción se conjugan al unísono ante el momento crucial en el cual el novio y la novia unirán sus destinos forjando su propio hogar. El matrimonio plasma el amor de la pareja como realización suprema de los valores éticos de la vida. Este es el gran desafío humano: formar una familia. Ser protagonistas del gran milagro de la vida es crecer, madurar y traer al mundo nuevos seres humanos que multipliquen nuestra existencia sobre la faz de la tierra. Un hombre y una mujer que se unen en matrimonio, sellan un pacto: el brit hanisuín, la alianza que los eleva a las esferas de la santidad al manifestar un compromiso ético con la transformación del mundo. Por ello, esta unión se conoce también como Kidushín, la “Consagración”, que es el acto de santificar la relación entre hombre y mujer al enlazarlos en una pertenencia recíproca. El día de la boda es considerado como un día en el que se “vuelve a nacer”, con la pureza y la inocencia de un bebé acompañadas del poder crítico y la madurez de personas adultas. Dios borra los eventuales errores pasados de los novios y ellos renacen a una nueva vida liberados de la sombra del pecado. Hay parejas que acostumbran ayunar el día de su boda, desde la mañana hasta después de la ceremonia nupcial. Nadie está en mejores condiciones espirituales que los novios en el día de su boda, para otorgar una bendición diáfana y cristalina, libre de toda mácula (Breishit Rabá). De aquí, la ancestral costumbre de solicitar a los novios una bendición y pedir que oren por la salud de algún enfermo o por el éxito que alguien requiera. El hálito de pureza que los rodea, les permite estar en la dimensión de la santidad. El comienzo de una nueva etapa en la vida es también el momento de evaluar y agradecer a los padres por los esfuerzos invertidos en el éxito de la vida familiar, esfuerzos que llegan a su máxima expresión el día que tienen el privilegio de llevar a sus hijos a la jupá. Para la tradición judía, llegar al momento de la consagración de la pareja bajo el manto de la jupá, poniendo los cimientos de una nueva familia, no sólo es expresión del amor de la pareja, sino también un compromiso ético y activo con la transformación y el mejoramiento del mundo. Así se corporiza la continuidad judía como un nuevo eslabón de la larga cadena de oro de la tradición del pueblo de Israel. Bajo el manto de la jupá, los novios formalizan un pacto de amor entre ellos mismos pero asumen también un pacto de amor con la identidad y la continuidad judía.

El casamiento judío no sólo es rico en conceptos y significados, sino también en usos, costumbres, folklore y objetos que fueron preparados con dedicación mucho tiempo antes de la boda. Entre ellos podemos mencionar los vestidos y ropas de la novia, como así también las joyas usadas en el casamiento. Las costumbres de la boda y su ceremonial van más allá de la tradición halájica y las normas talmúdicas inspiradas en la Torá. No hay duda de que la creatividad judía no podía permanecer indiferente al ambiente geográfico y cultural donde cada comunidad estaba insertada.
El día de la boda conlleva un espíritu especial. Alegría, felicidad y profunda emoción se conjugan al unísono ante el momento crucial en el cual el novio y la novia unirán sus destinos forjando su propio hogar. El matrimonio plasma el amor de la pareja como realización suprema de los valores éticos de la vida.
Este es el gran desafío humano: formar una familia. Ser protagonistas del gran milagro de la vida es crecer, madurar y traer al mundo nuevos seres humanos que multipliquen nuestra existencia sobre la faz de la tierra.
Un hombre y una mujer que se unen en matrimonio, sellan un pacto: el brit hanisuín, la alianza que los eleva a las esferas de la santidad al manifestar un compromiso ético con la transformación del mundo. Por ello, esta unión se conoce también como Kidushín, la “Consagración”, que es el acto de santificar la relación entre hombre y mujer al enlazarlos en una pertenencia recíproca.
El día de la boda es considerado como un día en el que se “vuelve a nacer”, con la pureza y la inocencia de un bebé acompañadas del poder crítico y la madurez de personas adultas. Dios borra los eventuales errores pasados de los novios y ellos renacen a una nueva vida liberados de la sombra del pecado. Hay parejas que acostumbran ayunar el día de su boda, desde la mañana hasta después de la ceremonia nupcial.
Nadie está en mejores condiciones espirituales que los novios en el día de su boda, para otorgar una bendición diáfana y cristalina, libre de toda mácula (Breishit Rabá). De aquí, la ancestral costumbre de solicitar a los novios una bendición y pedir que oren por la salud de algún enfermo o por el éxito que alguien requiera. El hálito de pureza que los rodea, les permite estar en la dimensión de la santidad.
El comienzo de una nueva etapa en la vida es también el momento de evaluar y agradecer a los padres por los esfuerzos invertidos en el éxito de la vida familiar, esfuerzos que llegan a su máxima expresión el día que tienen el privilegio de llevar a sus hijos a la jupá.
Para la tradición judía, llegar al momento de la consagración de la pareja bajo el manto de la jupá, poniendo los cimientos de una nueva familia, no sólo es expresión del amor de la pareja, sino también un compromiso ético y activo con la transformación y el mejoramiento del mundo. Así se corporiza la continuidad judía como un nuevo eslabón de la larga cadena de oro de la tradición del pueblo de Israel. Bajo el manto de la jupá, los novios formalizan un pacto de amor entre ellos mismos pero asumen también un pacto de amor con la identidad y la continuidad judía.

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